
Pomelo nos ofrece una pequeña variedad de cervezas belgas. Entre ellas podemos encontrar las clásicas como Leffe, Duvel o, la más suave y popular Jupiler. Quizás se echa en falta que se sirvan un poco más fría, algo que siempre notamos cuando se viaja por el resto de Europa. La comida es correcta. Comida casera donde podemos encontrar langostinos con salsa picante agridulce, triángulos de queso caliente, los típicos mejillones belgas, por cierto, merecen la pena degustarlos, estuvieron exquisitos. Asimismo, merece la pena destacar el delicioso holjadre de salmón. La textura del holjadre inmejorable, así como la calidad del salmón. Quizás donde se peca un poco es en la carta de vino, es inexistente y lo poco que tienen no es de mucha calidad y con precios excesivos. A los belgas se les ve un poco el plumero con su cerveza.
El espacio no está muy bien decorado, resulta un poco frío. Podríamos decir lo mismo de la atención al cliente. Aunque es recomendable porque la cocina es elaborada, pero al mismo tiempo sencilla y a precios razonables.Le daremos tres coquinas y media. ¡¡¡¡Hala que disfruten!!!!
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